Por Emilio Sánchez 

El Tao Te Ching menciona en uno de sus pasajes: “La desdicha tiene origen en la dicha, la dicha acecha a la desdicha”. Nuestro mundo está cambiando y nosotros con él. Este año nos forzó a adoptar nuevas formas de vida, distintas a las acostumbradas y esto, de alguna forma, nos ha obligado externa e internamente a reflexionar sobre nosotros mismos.  

Hoy en día, el sentarnos a darle una “pausa” a nuestras vidas para contemplar, reflexionar o meditar sobre ella comenzó a ser visto como un tabú porque desde pequeñas y pequeños nos dijeron que la mejor forma de vivir era manteniéndonos ocupados. Es así que poco a poco, nuestras mentes se hicieron de la costumbre de mantenerse atareadas, siempre llenas de pensamientos o quehaceres.

El estar constantemente viendo qué vamos a hacer nos ha hecho olvidarnos de una dimensión más profunda, esta dimensión la conocemos como la “dimensión del ser”. Cuando la comenzamos a cultivar, gradualmente comenzamos a recobrar la inocencia de un niño y la sabiduría de un anciano. Y, habiendo olvidado esta dimensión y viviendo únicamente en la “dimensión del hacer”, toda forma de comunicación cayó en la superficialidad y como consecuencia, vivimos en la sociedad de los poetas muertos.

La pandemia fue causada por nosotros y para nosotros, el resultado nos ha obligado a volver a reflexionar sobre qué es lo prioritario en la vida, llevándonos un paulatino despertar colectivo. Lo anterior se presenta porque nos dimos cuenta de que el dinero, siendo de los máximos valores dentro de nuestro sistema, no lo es todo para ser felices ni para ser libres. Más que fines máximos, el dinero y nuestro propio intelecto, son herramientas. Y si queremos invitar a la diosa de la riqueza a nuestras casas, también debemos invitar a su hermana, la diosa de la pobreza.

Ahora, un gran cuestionamiento a plantearnos es, ¿cómo consumimos conscientemente? Nuestros padres al menos alguna vez en nuestras vidas nos dijeron – ¡sé consciente de lo que haces! – pero jamás nos han enseñado a cómo ser conscientes. Uno en periodos de aislamiento se da la tarea de encontrar las formas de despertar a la conciencia y gracias a diversas prácticas es que se descubre otra vez la existencia de la dimensión del ser y así, se comienza a observar la evolución interna. Lo que pasa en el exterior nos afecta cada vez menos, nos volvemos menos impulsivos al exterior por lo que cultivamos internamente. ¿Estoy en la playa? ¡Wow! ¿Estoy en la ciudad? Increíble. ¿Tengo un coche? Agradecido me siento. ¿Me toca caminar? Ya lo necesitaba.

La dimensión interna del ser nos transforma y vive conscientemente la montaña rusa de la vida, cada vez menos afectado por lo que pase a su alrededor. En ese momento nos damos cuenta de que consumir conscientemente nos llevará a consumir modestamente. Vida simple, mente simple; vida sincera, mente sincera. El hacernos conscientes de la simpleza de la vida nos hará más felices.

Walk with the wisdom and serenity of a broken heart and find Jai Guru Dev.

Victory of that within you, which is wise and yet playful, learned and yet mischievous

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